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Cáncer de Riñón: ¿Qué es y cómo tratarlo?

Es importante darse cuenta que el cáncer de riñón puede curarse si se diagnostica y trata a tiempo. Si se detecta precozmente, la tasa de supervivencia para pacientes con cáncer de riñón varía entre el 79 y el 100 por ciento.

En los Estados Unidos hay más de 100.000 sobrevivientes de cáncer de riñón. La siguiente información responde las preguntas más comunes acerca de los tumores que afectan a los riñones y sirve como complemento a la charla que debe tener con su médico.

¿Qué es un tumor renal?

Un tumor renal es un crecimiento anormal dentro del riñón. A menudo los términos “masa”, “lesión” y “tumor” se usan como sinónimos. Los tumores pueden ser benignos (no cancerosos) o malignos (cancerosos).

La lesión renal más común es la presencia de un área llena de líquido llamada quiste. Los quistes simples son benignos y tienen un aspecto típico en los estudios por imágenes. No progresan al cáncer y normalmente no requieren seguimiento ni tratamiento. Los tumores sólidos de riñón pueden ser benignos, pero en más del 90 por ciento de las veces son malignos.


¿Cuáles son los síntomas del cáncer de riñón?

Muchos tumores de riñón no producen síntomas, pero pueden ser detectados accidentalmente durante la evaluación por algún otro problema no relacionado. La compresión, estiramiento e invasión de las estructuras cerca de los riñones pueden causar dolor (en el flanco, en el abdomen o en la espalda), la presencia de una masa palpable y sangre en la orina (microscópica o visible a simple vista).

Si el cáncer se disemina (metástasis) más allá del riñón, los síntomas dependerán del órgano afectado. Si el cáncer compromete a los pulmones puede observarse falta de aire o tos con sangre, si el cáncer involucra a los huesos puede ocurrir que haya dolor en los huesos o fracturas, y si el cáncer se presenta en el cerebro puede haber síntomas neurológicos.

En algunos casos el cáncer causa alteraciones clínicas o de laboratorio asociadas llamadas síndrome paraneoplásico. Este síndrome se observa aproximadamente en un 30 por ciento de los pacientes con cáncer de riñón y pueden ocurrir en cualquier etapa (y esto incluye a los cánceres confinados a los riñones).

Los síntomas del síndrome paraneoplásico incluyen la pérdida de peso, la pérdida del apetito, la presencia de fiebre, sudoración y aumento de la tensión arterial. Los análisis de laboratorio determinan una tasa de sedimentación de glóbulos rojos alta, bajo recuento de glóbulos rojos (anemia), alto nivel de calcio en sangre, alteración de las pruebas de función hepática, alto contenido de fosfatasa alcalina en la sangre, y alto recuento de glóbulos blancos. En muchos casos el síndrome paraneoplásico se resuelve luego de resecar el cáncer.

¿Qué ocurre en condiciones normales?

La mayoría de las personas tienen dos riñones funcionales. Los riñones producen orina que drena a través de tubos angostos (llamados uréteres) hasta llegar a la vejiga. Los riñones normalmente se ubican a ambos lados del cuerpo y están protegidos por los músculos de la espalda y por las costillas.

Los riñones están contenidos en una vaina fibrosa llamada fascia de Gerota y están rodeados por una capa de grasa. La cápsula renal es una delgada capa que cubre la superficie externa de los riñones (similar a la cáscara roja de una manzana). La principal vena que drena la sangre de los riñones (vena renal) se une con la vena que lleva la sangre al corazón (vena cava). Por encima de cada riñón hay una glándula suprarrenal (o adrenal), dentro de la fascia de Gerota.

Las glándulas suprarrenales, que no son parte de los riñones, están ubicadas cerca de la parte superior de cada riñón. Las glándulas suprarrenales regulan los niveles de potasio, los líquidos corporales, las hormonas sexuales y el azúcar en la sangre. También controlan la respuesta del cuerpo al estrés mediante la producción de una hormona llamada adrenalina.

Los riñones realizan muchas funciones en el organismo, como ser controlar el equilibrio de líquidos, regular los electrolitos (por ejemplo, sodio, potasio, calcio, magnesio), evitar la acumulación de ácidos, eliminar los productos de desecho, producir orina y regular la tensión arterial. Los riñones también fabrican una hormona llamada eritropoyetina que estimula la producción de glóbulos rojos.

Cuando los riñones están dañados o se reseca una porción importante del tejido renal, los procesos normales mencionados anteriormente pueden sufrir algún deterioro. En la mayoría de los casos, los deterioros de grado leve a moderado ocasionan problemas mínimos. En los casos en que la función renal está severamente deteriorada puede ser necesario someter al paciente a diálisis.

¿En quién es más frecuente el cáncer de riñón?

En los Estados Unidos, el 2 por ciento de todos los cánceres provienen de los riñones. Cada año se diagnostica cáncer de riñón aproximadamente a 30.000 personas en los Estados Unidos, y esta enfermedad es la causa de muerte de casi 12.000 norteamericanos.

El cáncer de riñón es levemente más frecuente en los hombres y normalmente se diagnostica entre los 50 y los 70 años de edad. El cáncer de riñón más común se denomina carcinoma de células renales.

¿Qué factores de riesgo se asocian con el cáncer de riñón?

Las siguientes asociaciones pueden aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de riñón:

  • Fumar
  • Antecedente familiar de cáncer de riñón
  • Poliquistosis renal
  • Insuficiencia renal crónica, diálisis, o ambas
  • Dieta con alta ingesta de calorías o carnes fritas
  • Baja ingesta de vitamina E
  • Uso de diuréticos
  • Enfermedad de von Hippel-Lindau
  • Esclerosis tuberosa
  • Exposición a asbestos, altos hornos y hornos usados en la industria del hierro y el acero

¿Cómo se diagnostica el cáncer de riñón?

Desafortunadamente no hay análisis de sangre ni de orina que puedan detectar directamente la presencia de un tumor de riñón.

Cuando se sospecha la presencia de un tumor de riñón se hace un estudio por imágenes del órgano. El primer estudio por imágenes normalmente es un Ultrasonido o una Tomografía computarizada.

En algunos casos puede ser necesaria una combinación de estudios por imágenes para evaluar el tumor por completo. Si se sospecha el diagnóstico de cáncer, el paciente debe ser evaluado para determinar si el cáncer se ha diseminado más allá de los riñones (metástasis).

La evaluación para detectar metástasis incluye una tomografía computarizada o una RM de la región abdominal, radiografías de tórax y análisis de sangre. También se recomienda una centellografía ósea si el paciente tiene dolor en los huesos, si ha sufrido alguna fractura recientemente, o si presenta ciertas alteraciones en los análisis de sangre.

Es posible que se indiquen también más análisis de ser necesario. El cáncer de riñón tiene la tendencia a crecer dentro de la vena renal y de la vena cava. La porción del cáncer que se extiende a estas venas se denomina “trombo tumoral”. Los estudios por imágenes ayudan a determinar si existe un trombo tumoral.

¿Cuáles son los diferentes estadios del cáncer de riñón?

El sistema de estadificación que se utiliza más habitualmente para describir el cáncer de riñón fue desarrollado por el American Joint Committee on Cancer (AJCC, Comisión Americana Conjunta sobre Cáncer).

La versión más actual es la del Sistema de Estadificación de la AJCC de 1997. Este sistema de estadificación incluye la extensión del tumor primario de riñón (estadio T), el estado de los ganglios linfáticos cercanos al riñón (estadio N) y la presencia o ausencia demetástasis (estadio M). En el cáncer de riñón, los ganglios linfáticos cercanos al riñón se denominan ganglios linfáticos regionales.

El estadio clínico se basa en las imágenes radiográficas que se realizan antes de la cirugía, mientras que la estadificación anatomopatológica se basa en el análisis de tejido resecado quirúrgicamente.

La estadificación del cáncer en etapas ayuda a determinar el pronóstico y a predecir la supervivencia. En general, los cánceres que se encuentran en el estadio T más elevado, metástasis en los ganglios linfáticos, o metástasis a distancia, tienen un peor pronóstico y una tasa de supervivencia más corta.

Grado: El grado del tumor es una medida subjetiva que indica cuán agresivo se ve el tumor bajo el microscopio; por lo tanto se determina a partir de una muestra quirúrgica. No es posible determinar el grado a partir de una imagen radiográfica, ni a partir de los análisis de sangre o de orina. El grado normalmente varía entre uno y tres o entre uno y cuatro, los números más altos indican un tumor más agresivo. Así, un mayor grado implica un peor pronóstico.

Estadio I: El tumor mide 7 cm (aproximadamente 2 3/4 pulgadas) o menos, y está limitado al riñón. No hay diseminación a los ganglios linfáticos ni en órganos a distancia.

Estadio II: El tumor mide más que 7,0 cm pero sigue estando limitado al riñón. No hay diseminación a los ganglios linfáticos ni en órganos a distancia.

Estadio III: Hay varias combinaciones de categorías T y N que se incluyen en este estadio. Éstas incluyen tumores de cualquier tamaño que se hayan extendido al tejido graso que rodea a los riñones o no, que se hayan extendido a las grandes venas que van de los riñones al corazón o no, que se hayan extendido a un ganglio linfático cercano pero que no se hayan extendido a ganglios linfáticos a distancia ni a otros órganos. El estadio III también incluye tumores que se extendieron al tejido graso que rodea a los riñones y/o a las grandes venas que van de los riñones al corazón pero que no se han extendido a ningún ganglio linfático ni a ningún otro órgano.

Estadio IV: Hay varias combinaciones de categorías T, N y M que se incluyen en este estadio. Esta etapa incluye cualquier cáncer que se haya diseminado directamente a través del tejido graso y el tejido de la fascia que rodea a los riñones y que se parece a los ligamentos. El estadio IV también incluye a cualquier cáncer que se haya extendido a más de un ganglio linfático cercano a los riñones, o a cualquier ganglio linfático que no se encuentre cerca de los riñones, o a cualquier otro órgano como los pulmones, los huesos o el cerebro. Definiciones detalladas de las categorías T, N, M del cáncer de células renales y la estadificación de los grupos.

Tumor primario (T)

TX: No es posible evaluar el tumor primario
T0: No hay evidencia del tumor primario
T1: El tumor mide 7 cm o menos, está limitado al riñón
T2: El tumor mide más de 7 cm, está limitado al riñón
T3: El tumor se extiende a las grandes venas, al tejido perirrenal/suprarrenal, pero no pasa de la fascia de Gerota
T3a: El tumor invade la grasa suprarrenal/perirrenal
T3b: El tumor se extiende a la/s vena/s renal/es o a la vena cava por debajo del diafragma
T3c: El tumor se extiende a la vena cava por encima del diafragma
T4: El tumor invade la fascia de Gerota

N – Ganglios linfáticos regionales

NX: No es posible evaluar los ganglios regionales
N0: No hay metástasis en los ganglios linfáticos regionales
N1: Hay metástasis en un único ganglio linfático regional
N2: Hay metástasis en más de un ganglio linfático regional

M – Metástasis distante

MX: No es posible evaluar las metástasis a distancia
M0: No hay metástasis a distancia
M1: Hay metástasis a distancia

¿Cuáles son las opciones de tratamiento para tumores que parecen estar confinados al riñón?

Cuando el tumor parece estar confinado al riñón (tumor “localizado”), hay tres opciones principales de tratamiento: resección del tumor, ablación del tumor y vigilancia. La quimioterapia, el tratamiento hormonal y la radioterapia no son tratamientos eficaces para el cáncer de riñón.

Resección del tumor: La resección del tumor se considera el modo estándar de tratamiento para la mayoría de los pacientes y se logra mediante una cirugía llamada nefrectomía.

Una nefrectomía radical es la resección quirúrgica de todo lo que se encuentre dentro de la fascia de Gerota, incluido el riñón completo. La nefrectomía parcial es la resección quirúrgica de parte del riñón (en este caso, la parte que contiene el tumor).

El objetivo de una nefrectomía parcial es resecar el tumor completo y a la vez preservar la mayor cantidad posible de tejido renal normal. El tejido renal que se conserva puede evitar la necesidad de diálisis si ocurre un mayor daño renal posteriormente. Es posible realizar la nefrectomía mediante una incisión tradicional (cirugía a cielo abierto) o con pequeñas incisiones (cirugía laparoscópica o retroperitoneoscópica).

Nefrectomía a cielo abierto (radical y parcial): La nefrectomía tradicional a cielo abierto (parcial o radical) se realiza mediante una incisión en el flanco o en el abdomen. Esta incisión normalmente mide entre 10 y 20 pulgadas de longitud (25,4 – 50,8 cm) y puede incluir la remoción de una costilla. Antes se consideraba que la nefrectomía radical a cielo abierto era el tratamiento de elección para tumores que parecían estar confinados al riñón.

Sin embargo, los seguimientos a 5 a 10 años pusieron en evidencia que las nefrectomías parciales y radicales a cielo abierto son igualmente eficaces para el tratamiento de pacientes con un único tumor pequeño y localizado. Por lo tanto, las nefrectomías parciales y radicales se consideran en la actualidad como el tratamiento estándar. Si está interesado en una nefrectomía parcial, es importante que consulte a un urólogo que tenga experiencia con esta técnica.

Como se mencionó anteriormente, la nefrectomía parcial se realiza para preservar la mayor cantidad posible de tejido renal; sin embargo, la tasa de complicaciones puede ser levemente superior que la de la nefrectomía radical.

Debe considerarse realizar una nefrectomía parcial abierta en pacientes que tengan un tumor pequeño (lo ideal es que tengan menos de cuatro centímetros) y localizado en uno de los riñones y un riñón normal del otro lado. La nefrectomía parcial a cielo abierto normalmente es el tratamiento de preferencia cuando se espera que la nefrectomía radical resulte en diálisis inmediata o en un alto riesgo de diálisis subsiguiente, como cuando el paciente tiene un solo riñón funcional, o una función renal muy deteriorada, o enfermedades médicas o genéticas que amenazan la función renal, o tumores de riñón bilaterales.

Normalmente no se recomienda una nefrectomía parcial en pacientes con tumores que tienen al menos una de las siguientes características: diseminación dentro de la vena renal, proximidad a los vasos principales del riñón o factores que harían que una resección completa del tumor sea poco probable.

Cuando no es posible resecar con seguridad el tumor con una nefrectomía parcial, se realiza una nefrectomía radical. Si elige someterse a una nefrectomía parcial, siempre existe el riesgo de que haya necesidad de resecar todo el riñón.

Nefrectomía radical laparoscópica: La nefrectomía laparoscópica se realiza mediante el uso de telescopios que se insertan en la cavidad abdominal a través de pequeñas incisiones como si fueran un “ojo de cerradura”; sin embargo, a menudo se hace una incisión algo más grande para permitir la resección de un riñón entero. Las nefrectomías que se realizan mediante la inserción de los telescopios en la cavidad que rodea al riñón (y no en la cavidad abdominal) se denominan nefrectomías retroperitoneoscópicas.

Los datos actuales indican que las nefrectomías radicales a cielo abierto y las laparoscópicas tienen tasas de complicaciones similares y proporcionan un tratamiento eficaz contra el cáncer en pacientes cuyos tumores parecen estar confinados al riñón. En comparación con la nefrectomía radical a cielo abierto, la nefrectomía radical laparoscópica se prolonga por más tiempo, es menos dolorosa luego de la operación, el período de hospitalización es más corto y requiere menos tiempo de recuperación.

Si elige someterse a una nefrectomía radical laparoscópica, hay un bajo riesgo (normalmente menos del cinco por ciento) de que el cirujano tenga que pasar a una nefrectomía a cielo abierto (es decir, convertir las incisiones de “ojo de cerradura” en una incisión mucho más grande). No todos los pacientes son candidatos para una nefrectomía laparoscópica.

La nefrectomía radical laparoscópica es más adecuada para tumores pequeños y localizados que no han invadido los ganglios linfáticos ni la vena renal. En pacientes con cicatrización importante alrededor del riñón o el antecedente de varias cirugías abdominales se prefiere la nefrectomía a cielo abierto. Los cirujanos que tienen experiencia con la retroperitoneoscopia pueden considerar la realización de este abordaje en pacientes que han sido sometidos a varias cirugías abdominales.

Nefrectomía parcial laparoscópica y retroperitoneoscópica: Se está acumulando información acerca de la nefrectomía parcial laparoscópica y la retroperitoneoscópica, pero los datos sobre las complicaciones y el control del cáncer son aún prematuros.

Ablación del tumor: La ablación del tumor destruye el tumor sin extirparlo quirúrgicamente. Entre los ejemplos de las diferentes tecnologías que se pueden aplicar para la ablación se incluye la crioterapia, la ablación intersticial por radiofrecuencia, el ultrasonido localizado de alta intensidad, la termoterapia por microondas y la coagulación con láser. La ablación puede lograrse durante una cirugía a cielo abierto, una laparoscopia, una retroperitoneoscopia o de manera percutánea (a través de la piel).

Como la ablación de un tumor renal es un procedimiento relativamente nuevo, todavía no se sabe cuáles son los resultados a largo plazo. Sin embargo, la ablación puede ser menos invasiva que una nefrectomía y puede ser útil en los pacientes que no pueden tolerar cirugías más extensas. La ablación del tumor también puede permitir una mejor probabilidad de preservar la función renal en situaciones en las que hay varios tumores.

Embolización: Ésta no es una opción estándar de tratamiento, pero puede considerarse en pacientes que no pueden tolerar la resección o la ablación del tumor. También puede considerarse como un tratamiento coadyuvante a las formas estándar de tratamiento, especialmente cuando el tumor presenta sangrado activo.

La embolización puede detener el sangrado y permite al médico estabilizar al paciente antes de la cirugía.

La embolización normalmente se hace bajo sedación y se logra al hacer avanzar un catéter largo y delgado desde una arteria periférica (por ejemplo, en la ingle) hasta la arteria del riñón. El catéter se utiliza para depositar pequeñas partículas de material embólico en los vasos del riñón. Estas partículas bloquean el flujo de sangre al tumor y, por lo tanto, detienen el sangrado activo. Más aún, sin suministro de sangre, el tumor es muy probable que muera. Como no está claro si la embolización elimina el tumor por completo o no, no se considera una forma primaria de tratamiento para el cáncer de riñón.

¿Cuáles son las opciones de tratamiento para tumores que invaden la vena renal y la vena cava?

Cuando un tumor invade la vena renal o la vena cava, se recomienda la cirugía a cielo abierto para resecar el riñón afectado y extraer el tumor de las venas. Es importante que consulte a un urólogo que tenga experiencia en este tipo de cirugía. A veces se realiza una embolización antes de resecar el tumor. También se puede considerar la embolización en pacientes que no pueden tolerar la cirugía.

¿Cuáles son las opciones de tratamiento para los tumores que se han diseminado a otros órganos?

Cuando el tumor se ha diseminado a otros órganos, hay cuatro opciones de tratamiento primario: nefrectomía seguida de inmunoterapia, tratamiento inicial con inmunoterapia, estudios clínicos de investigación y vigilancia.

Inmunoterapia: La inmunoterapia estimula al sistema inmunológico para que éste ataque al cáncer. El sistema inmunológico con suerte eliminará al cáncer de la misma manera como se elimina una gripe. Los agentes que más habitualmente se utilizan para la inmunoterapia son la interleucina-2 (IL-2) y el interferón.

Actualmente, la IL-2 es el único tratamiento eficaz aprobado por la Food and Drug Administration (FDA; Administración de Alimentos y Fármacos) para el tratamiento del cáncer metastásico de riñón.

Aproximadamente un 20 por ciento de los pacientes responden a la inmunoterapia con algún grado de regresión del tumor. Aproximadamente el 7 por ciento de los pacientes presentan una regresión total del cáncer. Se ha estudiado muchos regímenes diferentes de inmunoterapia. Uno de los más eficaces es una dosis alta de IL-2 en bolo, para lo que se requiere internación en el hospital. Durante la internación hospitalaria inicial se administra IL-2 por vía intravenosa durante cinco días.

El paciente luego normalmente puede ir a su hogar para descansar por un período de entre cinco y 10 días. Luego el paciente se interna nuevamente para otro ciclo de IL-2 intravenosa durante cinco días. Los efectos secundarios más comunes son muy similares a los síntomas de la gripe e incluyen fiebre, escalofríos, náuseas, vómitos, diarrea y fatiga.

Otros efectos secundarios incluyen la disminución de la tensión arterial, la acumulación de líquido en los pulmones (edema pulmonar), el deterioro de la función hepática, el deterioro de la función renal, las alteraciones del estado mental (como confusión, agitación, ciclo de sueño interrumpido), el aumento de la frecuencia cardiaca y el ritmo cardíaco irregular.

La mayoría de los efectos secundarios son transitorios y desaparecen al suspender la inmunoterapia. Para ser un candidato a la inmunoterapia el paciente debe estar en un buen estado general, debe tener una función adecuada de los órganos vitales (como el corazón, los pulmones y los riñones) y no debe tener metástasis en el cerebro. La inmunoterapia no es eficaz contra los cánceres que se localizan en el cerebro. Antes de la inmunoterapia, los pacientes deben hacerse estudios para evaluar la función de los órganos vitales y una tomografía para determinar si hay metástasis en el cerebro.

Nefrectomía seguida de inmunoterapia: En los pacientes con metástasis, la mejor posibilidad de supervivencia se logra mediante la resección del riñón afectado antes de administrar la inmunoterapia. El riñón puede resecarse mediante cirugía a cielo abierto o cirugía laparoscópica.

Esta opción de tratamiento sólo se ofrece cuando el paciente es candidato tanto para la nefrectomía como para la inmunoterapia. Por lo tanto, los pacientes no deben ser sometidos a ningún tratamiento hasta no haber sido evaluados tanto por un oncólogo que se especialice en inmunoterapia como por un cirujano urológico. El tratamiento sólo debe iniciarse luego de que el cirujano y el oncólogo aprueban al paciente como candidato tanto a la nefrectomía como a la inmunoterapia.

Tratamiento inicial con inmunoterapia: En algunos pacientes, la cirugía puede ser muy riesgosa. Estos pacientes pueden ser tratados inicialmente con inmunoterapia. Si responden adecuadamente y si su estado médico mejora, pueden ser sometidos a una resección quirúrgica del tumor restante.

Radiación: La radioterapia no se usa para curar el cáncer de riñón, sino más bien para aliviar las metástasis sintomáticas. Por ejemplo, el dolor de la metástasis en los huesos puede aliviarse mediante la irradiación de las lesiones óseas. Puede aplicarse sola o en combinación con otros tratamientos.

Vigilancia: Puede ser apropiada cuando se está en presencia de una de las siguientes situaciones: el tumor del riñón tiene una baja probabilidad de ser cáncer; el paciente no tolera el tratamiento; el paciente tiene una expectativa de vida corta (es decir, es probable que fallezca por otras causas); o el paciente no quiere recibir tratamiento.

En el caso de lesiones cuya probabilidad de ser cáncer es baja, es indispensable el seguimiento periódico con un médico. El angiomiolipoma, que es un tumor benigno y es el único tumor de riñón que puede ser diagnosticado por tomografía computarizada. Los pacientes con angiomiolipoma pueden ser sometidos a vigilancia con la realización periódica de estudios por imágenes.

Sin embargo, puede ser necesario realizar una embolización o resección quirúrgica (preferiblemente mediante una nefrectomía parcial) si el angiomiolipoma es sintomático, si sangra o si mide más de cuatro centímetros.

¿Qué puedo esperar luego del tratamiento del cáncer de riñón?

Luego del tratamiento del cáncer de riñón es necesario realizar una vigilancia sistemática durante toda la vida. La vigilancia típicamente consiste en una evaluación periódica realizada por un médico y que incluye análisis de sangre y radiografías. No hay un protocolo estándar para la vigilancia, por lo tanto el médico determinará los estudios necesarios y el momento para hacerlos de acuerdo a la situación única de cada paciente.

Función renal: Cuando se reseca tejido renal (nefrectomía) o cuando se destruye el mismo (ablación o embolización), el tejido restante del riñón normalmente funciona lo suficiente como para evitar problemas.

No obstante, es necesario evaluar la función renal de manera periódica luego del tratamiento. En un paciente que es sometido a una nefrectomía radical o parcial de un lado y tiene un riñón normal del otro lado, es muy poco frecuente que sea necesario someterlo a diálisis.

De hecho, una persona puede llevar una vida normal con sólo un riñón en funcionamiento. Cuando un paciente tiene sólo un riñón (riñón “solitario”) y es necesario resecar parte de ese riñón, el riesgo de diálisis permanente es de un 4 a un 7 por ciento, el riesgo de diálisis transitoria es de un 3,5 por ciento y el riesgo de deterioro de la función renal pero sin necesidad de diálisis es de un 26 a un 33 por ciento. En la mayoría de los casos la disfunción renal es transitoria y mejora sin tratamiento. Cuando el tejido renal que sigue funcionando es menos que un riñón entero existe el riesgo de que la función de ese tejido se deteriore con el tiempo.

Este deterioro se denomina “lesión renal por hiperfiltrado” y puede ocurrir hasta 10 años después de la cirugía. En algunos casos es posible evitar la lesión renal por hiperfiltrado mediante una monitorización cuidadosa. Por lo tanto, en pacientes que tienen menos de un riñón completo es particularmente importante realizar un control cuidadoso de la función renal, lo que debe incluir la medición de la tensión arterial y los análisis de orina de 24 horas.

Pronóstico: Hay muchos factores que afectan el resultado luego del tratamiento del cáncer de riñón. Sin embargo, los dos factores más importantes para el pronóstico son la estadificación y el grado del tumor. El concepto básico es que cuanto más extenso sea el tumor (y por lo tanto mayor sea el estadio), la probabilidad de lograr una curación con el tratamiento será menor. Un grado más alto también implica una menor probabilidad de curación.

Como no se dispone de una gran cantidad de datos a largo plazo acerca de la ablación, la embolización, la retroperitoneoscopia, la nefrectomía y la nefrectomía parcial laparoscópica de tumores, no se conocen con certeza las tasas de curación para estas técnicas. La probabilidad de curación durante el seguimiento a largo plazo está bien definida para la nefrectomía radical a cielo abierto y para la nefrectomía parcial.

Además, se ha estado acumulando datos acerca del seguimiento a largo plazo para la nefrectomía radical laparoscópica. Las tablas que se muestran a continuación indican los resultados aproximados luego de una cirugía por cáncer de riñón.

Preguntas frecuentes

¿Debo hacer una biopsia del tumor?

Para los tumores de riñón normalmente no se indica una biopsia porque más del 90 por ciento de los tumores de riñón sólidos son cáncer y las biopsias tienen una tasa importante de falsos negativos. Un falso negativo significa que la biopsia no muestra cáncer cuando en realidad sí lo hay. En otras palabras, la biopsia no detectó el cáncer.

Un resultado falso negativo puede ocurrir porque el tejido obtenido no era adecuado para determinar un diagnóstico, porque la aguja no ingresó en la lesión (y tomó la muestra del tejido circundante normal), o porque la aguja entró en la lesión pero no tocó el cáncer. Este último motivo se explica porque hay algunos tumores benignos que pueden coexistir con el cáncer.

Por ejemplo, el oncocitoma (un tumor benigno) puede coexistir con el cáncer de riñón hasta en un 10 por ciento de los casos. Es decir que una biopsia puede tomar una muestra del componente benigno y no del componente maligno. No se conoce la tasa exacta de resultados falsos negativos, pero los estudios sugieren que ocurren entre un seis y un 15 por ciento de las veces.

Dado que una biopsia puede no detectar un cáncer, el abordaje más seguro es resecar el tumor incluso si la biopsia es negativa. En los casos en que es probable que se trate de un cáncer de riñón, el estándar de práctica actual es resecar el tumor sin realizar la biopsia. En situaciones muy especiales puede recomendarse hacer una biopsia cuando el cuadro clínico y las imágenes radiográficas sugieren que la lesión puede deberse a una infección, inflamación o cáncer de otro órgano.

¿Es necesario que se me realice una disección de los ganglios linfáticos?

Los ganglios linfáticos son parte del sistema inmunológico y están distribuidos por todo el cuerpo. Los canales (llamados linfáticos) absorben el exceso de líquidos de los tejidos y lo transportan a través de los ganglios linfáticos. Los ganglios linfáticos están conectados por los canales linfáticos y forman cadenas de ganglios.

A medida que los líquidos fluyen por este sistema, los ganglios linfáticos “filtran” las sustancias contaminantes. Una vez que el líquido completa su viaje a través de la cadena de ganglios, fluye hacia el torrente sanguíneo. Las células cancerosas que flotan en la cadena linfática pueden quedar atrapadas en los ganglios linfáticos y formar cánceres satélites.

Con el tiempo, estos cánceres satélites pueden extenderse a otros ganglios linfáticos de la cadena. La presencia de ganglios linfáticos de tamaño aumentado, que se denomina linfadenopatía, sugiere que estos ganglios contienen cáncer. La disección de un ganglio linfático es la resección quirúrgica de los ganglios linfáticos regionales.

Algunos cánceres tienden a extenderse principalmente a través del canal linfático con un patrón muy bien definido. En el cáncer de riñón el patrón de diseminación a través de la cadena de ganglios es bastante variable, lo que dificulta la posibilidad de determinar qué ganglios linfáticos hace falta resecar quirúrgicamente. Más aún, el cáncer de riñón se extiende a través de los canales linfáticos y de la sangre con igual frecuencia.

De esta manera, el cáncer puede estar propagándose a través de la sangre sin llegar nunca a los ganglios linfáticos. En los pacientes que no presentan linfadenopatías, la disección de los ganglios linfáticos no mejora la supervivencia. Por estos motivos, el uso sistemático de una disección formal de ganglios linfáticos es controvertido. Para los tumores localizados sin ganglios linfáticos aumentados de tamaño y con un bajo riesgo de metástasis (estadio clínico T1 o T2, N0 M0) la disección formal de los ganglios linfáticos raramente resulta beneficiosa.

En los pacientes con ganglios linfáticos regionales aumentados de tamaño y metástasis a distancia (etapa clínica N1 M1 o N2 M1), los datos recientes sugieren que la disección de los ganglios linfáticos aumenta la supervivencia. En resumen, la disección de los ganglios linfáticos normalmente no es necesaria en los pacientes que tienen tumores localizados y ganglios linfáticos de tamaño normal. Sin embargo, debe realizarse una disección de ganglios linfáticos regionales en aquellos pacientes que presentan metástasis y ganglios linfáticos de tamaño mayor que el normal.

¿Es necesario resecar la glándula suprarrenal junto con el riñón?

Durante una nefrectomía radical tradicional se extirpa todo lo que está dentro de la fascia de Gerota, incluida la glándula suprarrenal. Sin embargo, los estudios recientes han puesto en evidencia que los tumores en estadio clínico T1 o T2 ubicados en la parte media o baja del riñón (lejos de la glándula suprarrenal) rara vez involucran a esta glándula.

Si el paciente tiene las dos glándulas suprarrenales, la que está adyacente al riñón complicado debe ser resecada cuando se cumple al menos uno de los siguientes criterios: la glándula suprarrenal parece contener un tumor según la tomografía computarizada o por hallazgos intraoperatorios, el tumor está cerca de la glándula suprarrenal (en la parte superior del riñón) o el tumor está en un estadio clínico T3 o T4.

Cuando el paciente tiene tumores bilaterales de riñón o una sola glándula suprarrenal, puede considerarse la posibilidad de no resecar la glándula, aun cuando se cumplan estos criterios. Cuando el tumor está en el estadio clínico T1 o T2 y está ubicado en la parte media o en la parte inferior del riñón, el hecho de no resecar la glándula suprarrenal se asocia con un riesgo mínimo y puede evitar problemas futuros.

Es posible llevar una vida normal son una sola glándula suprarrenal. Cuando se resecan las dos glándulas suprarrenales el paciente puede sobrevivir, pero puede ser muy difícil reemplazar la función de las glándulas suprarrenales con medicamentos.

El objetivo de evitar la resección de la glándula suprarrenal es la preservación de la mayor cantidad posible de tejido suprarrenal normal. El tejido suprarrenal que se conserva puede evitar problemas futuros si llegara a ser necesario resecar la otra glándula suprarrenal.

¿Necesito algún tipo de tratamiento adicional después de la cirugía?

Cuando el tumor es benigno no es necesario realizar ningún otro tipo de tratamiento. Cuando el tumor es maligno, la mayoría de los casos pueden tratarse correctamente sólo con cirugía. Puede considerarse un tratamiento adicional (en la forma de inmunoterapia) si se está en la presencia de un cáncer local en estadio avanzado (T3 o T4), si hay diseminación a los ganglios linfáticos, o si hay metástasis en órganos a distancia.

¿Puedo llevar una vida normal con un solo riñón?

La mayoría de los pacientes pueden llevar una vida normal con un solo riñón que funcione bien. Incluso en los casos en los que el riñón restante no funciona completamente bien, el paciente puede llevar una vida normal también. Raramente es necesario recurrir a la diálisis.

Luego de la cirugía de riñón, ¿qué puedo hacer para proteger el riñón que me queda?

En los pacientes que tienen sólo un riñón puede resultar prudente evitar los deportes de contacto o de colisión (fútbol americano, hockey, boxeo, fútbol, básquet, etc.) y deportes de contacto limitado (baseball, gimnasia, esquí, ciclismo, etc.) para evitar lesiones traumáticas en el riñón restante. También puede ser prudente evitar el uso sistemático de medicamentos que puedan dañar al riñón.

Ciertos medicamentos como los fármacos no esteroides y los antiinflamatorios (ibuprofeno, aspirina, etc.) y las sustancias de contraste iodado intravenoso (principalmente usadas para ciertas radiografías) pueden causar daño a los riñones en raras ocasiones. De manera que es mejor utilizar estas sustancias únicamente cuando sea necesario.

Algunas enfermedades médicas, como la presión arterial elevada (hipertensión), la diabetes, el colesterol elevado (hipercolesterolemia) y la obesidad pueden potencialmente causar un deterioro de la función renal. El tratamiento de estas enfermedades puede prevenir el daño al riñón. Por lo tanto es importante que cumpla con el tratamiento que le da su médico para estas enfermedades.

Se recomienda hacer un seguimiento sistemático de la función renal. Si su médico detecta evidencias de una lesión renal por hiperfiltrado, puede ser necesario realizar un tratamiento preventivo adicional.

¿Qué puedo hacer para prevenir la recurrencia del cáncer de riñón?

No hay formas demostradas para la prevención de las recidivas del cáncer de riñón; sin embargo,puede ser prudente dejar de fumar. Es extremadamente importante hacer seguimientos con su médico de manera periódica.